Llegó el otoño a los viñedos

Con la llegada del otoño, todo el Bierzo luce espectacular. Lo que hace unas semanas eran campos repletos de racimos y de un verde infinito, hoy presentan colores amarillos, marrones, ocres, rojizos…
Miro el paisaje y pienso en todas las personas que he conocido aquí. Gente trabajadora, afable, hospitalaria, disfrutona, bella… como todo el Bierzo en otoño. A mí me ha llegado la hora de volver a casa. Han sido cinco meses de viaje y aprendizaje increíbles. Y no hemos acabado aún, así que volveré porque yo, como el vino, ya estoy atada al Bierzo para siempre.

El descube y prensado

De la manguera, sale el vino con fuerza y nos embriaga solo con el olor. Llenamos una copa y el color es espectacular. Pura mencía. Color intenso a frambuesa, en la gama de rubí a cereza, muy vivo,  con destellos violáceos. Pocas variedades son tan vivas y brillantes. Lo pruebo. Es suave, seco, cremoso… No percibo muchos aromas pero llevamos horas en la bodega rodeados de vino y nuestra nariz se ha aclimatado.

De mosto a vino. Una cuestión química

La primera cata del mosto-vino de nuestro tanque nos sabe a gloria: mucha fruta, cereza, fresa, aún dulce… (La fermentación no ha terminado). No nos emocionemos, pero pinta bien.

La fermentación y el bazuqueo del vino

Las levaduras de la uva han empezado a actuar y el carbónico empieza a desprenderse. Ese gas provoca que las materias sólidas de la uva (hollejos, petitas y raspón) suban a la superficie donde se compactan y forman lo que llamamos ‘sombrero’. Bazuqueo o pigeage es la técnica más antigua que consiste en utilizar una vara larga con una pala en el extremo para empujar el sombrero hacia abajo y sumergirlo en el líquido. Es un proceso manual que requiere fuerza para revolver y homogeneizar la masa en femermentación.