Analizando el grado de azúcar de la uva. Llevamos el refractómetro, un instrumento que mide el contenido de azúcar de una muestra líquida a través de la refracción de la luz. Cuánto más azúcar hay, el índice de refracción es mayor. A partir del índice de refracción podemos conocer la concentración de azúcar (medida en grados Brix) y el grado de alcohol probable.
Archivo del autor: maiteruiza
Descendientes J. Palacios, el ‘200’ Parker del Bierzo
‘El Bierzo le debe mucho a los Palacios’, es una frase que he oído repetidamente a viticultores, bodegueros e incluso a personas ajenas al sector del vino. Se refieren a Álvaro Palacios y su sobrino Ricardo Pérez Palacios. Pocos confiaban, cuando llegaron al Bierzo en 1999, que conseguirían elaborar con la mencía vinos de la más alta calidad. Y por supuesto que lo consiguieron. Tanto que la Faraona es hoy de esos limitados y exclusivos vinos españoles que ha conseguido en dos ocasiones los 100 puntos Parker, la máxima puntuación de una de las clasificaciones más prestigiosas del mundo. Con ellos, todo cambió. Pusieron el Bierzo y la mencía en el punto de mira del sector y del consumidor. Y con su saber hacer, unas añadas magníficas y esa nueva generación de viticultores bercianos como Raúl Pérez, los hermanos Peique, Manuel Otero o Luna Beberide… el Bierzo empezó a crecerse y creerse que podían estar a la altura no solo de los Riojas y Riberas del Duero, sino de los mejores Burdeos o Borgoñas.
Gancedo, el ‘capricho’ del Bierzo
Hay caprichos y caprichos. Algunos surgen de manera repentina y sin razón lógica. Y otros son fruto del deseo, el gusto y el deleite. A este segundo grupo pertenecen los vinos de Bodegas y Viñedos Gancedo. Capricho es el nombre de su blanco (dona branca y godello) y rosado (mencía) que se han convertido en el ‘capricho’ del Bierzo por su frescor, su equilibrio en boca y su entrada golosa. No es de extrañar que estos sean de los vinos más servidos a copas en el Bierzo aunque también elaboran tres mencías: Gancedo, Xestal y Ucedo.
Se acerca la vendimia
Me impresiona lo rápido que ha pasado este mes de agosto. He visto avanzar el envero de la uva, de forma irregular pero firme, hasta que la mencía ha alcanzado en su totalidad ese color púrpura tan característico. He conocido grandes viticultores y bodegueros quienes me han enseñado con total generosidad sus casas, sus viñedos y sus intimidades en el cultivo de este patrimonio maravilloso que es el Bierzo. He descubierto pueblos, bosques, valles, ríos y montañas. He recibido la visita de amigos y familiares, capaces de recorrer cientos y cientos de kilómetros para compartir aunque sea solo unos días esta aventura al viaje al centro del vino. Se agradece ver esas caras familiares, recibir sus abrazos, compartir risas, vinos y conversaciones.
