Proteger el viñedo viejo del Bierzo

¿Por qué se siguen abandonando viñas en el Bierzo pese a ser una de las denominaciones de origen con más auge en los últimos años? ¿Cómo es posible que se arranque viñedo pese a ser de cepas centenarias en producción, de las más viejas y longevas del mundo? ¿Por qué no hay en el Bierzo una ley o plan de protección específico pese a tener la mayor densidad de viñedo viejo de Europa?

Este fin de semana he tenido el honor de compartir mesa con Olga Verde, de Bodegas Godelia y presidenta de la Asociacion Bierzo Enoturismo; Santi Ysart de Vinos Cantariña; Jose Prada de Bodegas Estefanía (MG Wines) y María Rodríguez de Bodegas Cuatro Pasos (Martin Codax) para conversar y reflexionar sobre el viñedo viejo del Bierzo. El acto formaba parte del festival Sonda Music, un proyecto cultural que aúna música, patrimonio y compromiso social y medioambiental, y se celebró en el Museo Arqueológico de Cacabelos. Yo fui invitada en representación de la bodega 13 Viñas y su proyecto de recuperación de viñedos abandonados y de apadrinamiento de viñas, que me trajo al Bierzo y que ha desembocado en este Viaje al centro del Vino.

La pasión por el vino, por el campo y por el viñedo con el que hablan los viticultores y bodegueros en el Bierzo no es nuevo para mí. Pero sí sorprende que, pese a coincidir todos en el valor único, exclusivo e incalculable de las viñas viejas del Bierzo, no exista ningún tipo de regulación que las proteja, aumente su valor y evite su abandono o arranque. El objetivo de la charla era hablar de viñedo viejo y viñedo nuevo, con sus ventajas y sus diferencias. Todos coincidieron que se puede hacer un buen vino, un vino excelente, de la más alta calidad de ambos viñedos. Sí, también de los viñedos nuevos y, como ejemplo, se habló de los Grand Cru de la Borgoña, que se replantan al llegar a los 45 años de edad. Y es que hay que encontrar siempre el equilibrio… Sin embargo, todos coincidimos también que, para el Bierzo, el viñedo viejo es uno de los valores más intrínsecos. No hay región en el mundo que puede alardear de tener el 75 por ciento de su extensión de cepas que tienen entre 65 y 110 años de edad, algunas incluso más, considerándose prefiloxéricas. ‘Tenemos, como bodegueros, la obligación de preservar ese patrimonio’.

Y es que las cepas son como las personas, con la edad tienen menos vigor y producen menos, pero son más sabias y sus vinos son pura esencia, puro terruño. Una cepa vieja profundiza con sus raíces hasta los sustratos más interesantes, subsana sus posibles carencias, regula su producción y soporta mejor las inclemencias. Y, desde el punto de vista técnico, se expresa con mayor plenitud. No es de extrañar que algunos de los vinos más preciados y caros de España (L’Ermita o La Faraona) provengan de cepas viejas. Si a eso le sumamos una variedad única, la mencía, que sólo se mantiene en el Bierzo y en áreas del sureste de Galicia, parece claro que eso es un tesoro que hay que proteger. Y aunque muchos viticultores y bodegueros en el Bierzo están convencidos del valor de esas viñas viejas, lo cierto es que los planes de reestructuración financiados con dinero europeo no han ayudado sino que han primado el arranque de plantaciones viejas y la sustitución por emparrados más cómodos y productivos. Además, muchos de estos antiguos viñedos son herencias de padres o abuelos que no tienen una generación que les siga en las labores del campo y eso provoca el abandono de muchas de esas parcelas.

Resulta increíble. Una variedad única, unas cepas únicas, una región de microterruños inimitable, una DO en auge, algunos de los mejores enólogos y bodegueros del mundo, la llegada de nuevos inversores vitivinícolas… Y aún así, se siguen abandonando o arrancando parcelas.

‘Mientras el precio de la uva se siga pagando a precios ridículos, el viñedo viejo se seguirá perdiendo’. Santi Ysart de Vinos Cantariñas es directo y da en el clavo. El resto de ponentes y del público asiente. ¿Por qué en Francia con tres o cuatro hectáreas de viñedo alcanza para vivir y en el Bierzo el precio de la uva obliga a los viticultores a multiplicar su esfuerzo o dedicarse a otra cosa? No hay más explicación que la carencia en este país por dignificar y revalorizar los trabajos agrícolas.

La charla ha sido interesantísima y la conclusión final pasa por entender que el Bierzo debe apostar por el campo, el desarrollo sostenible, el viñedo viejo y la calidad que, pese a requerir un esfuerzo mayor, es el futuro de la región. A la vez, hay que educar al consumidor, proteger y ayudar al sector y reenganchar a las nuevas generaciones al campo, ofrecerles un futuro.  ‘Parece que la cultura solo son piedras, pero cultura también es el patrimonio agrícola e inmaterial que lo rodea. ¿Por qué no proteger, regular, catalogar, incentivar el mantenimiento de viñedo viejo?’

Yo, personalmente, creo que el sector vitivinícola del Bierzo en los últimos 10 años ha trazado un buen camino y que en los próximos 10 años, alcanzará su plenitud. Pero, es cierto, queda aún mucho por hacer y algunas administraciones parece que siguen ancladas en el pasado y no han sabido superar el fin de la industria y la minería en la región.

¿Ayudaría un plan, una ley, una regulación para proteger el viñedo viejo del Bierzo, sobrio en producción pero una de las mejores bazas para elaborar vinos singulares? ¿Debería la DO impulsar una ley de paisajes o la catalogación de viñas como Bien de Interés Cultural (BIC) como ha hecho la Ribeira Sacra? ¿Podrían las administraciones favorecer y fomentar los bancos de tierra, los viveros de empresas vitivinícolas, el desarrollo de proyectos de I+D para el estudio genético y mejora del potencial de las variedades autóctonas? Personalmente creo que sí y que sería otra forma de crear valor en el territorio y puestos de trabajo.

El debate ha sido intenso y para acabar, nada mejor que una cata de vinos del Bierzo donde poner a prueba el paladar y corroborar si somos capaces de discernir las notas de viña joven en la cata y de apreciar la personalidad que aporta el terruño a las viñas más viejas y a algunas variedades más olvidadas como el palomino. Se cataron dos blancos, Godelia Godello de Godelia y Babú de 13 Viñas, y tres tintos: Viña de los Pinos de Cantariñas, Tilenus Ecológico de Bodegas Estefania, Cuatro Pasos Black de Bodegas Cuatro Pasos. Y para gustos, los colores y es que el Bierzo tiene mucho potencial para cautivar a todos con sus vinos únicos y de personalidad propia.

Publicado por maiteruiza

Periodista. Especialista en Vinos. Autora de El Viaje al centro del Vino

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