Clases de poda

‘Este año quiero aprender a podar’, le dije a Julio en enero. Avísame cuando toque e iré.

Sabía perfectamente que la poda es el trabajo más importante del año en el viñedo. De la poda depende casi todo: la salud de la vid, su resistencia, su longevidad, su formación, su desarrollo, su vigor, su capacidad de producción y hasta la calidad del fruto. Pero poco imaginaba lo complicado que es podar cuando nos encontramos con viñas viejas de más de 90 años, de viñedos abandonados o en recuperación, que han sufrido distintos tipos de poda a lo largo de su vida, enfermedades, heladas y vicisitudes de todo tipo… ¡Ay amigos, a juventud ociosa, vejez trabajosa! A estas viñas no hay que preguntarles cómo están, sino cómo es posible que vivan aún.

Tratar cada cepa individualmente

Estamos a 11 de Marzo. Son las 9 de la mañana y el coche marca 3 grados en el exterior. Llego a la viña con ganas de trabajar, de cortar sarmientos, de aprender rápido y colaborar de verdad… Las lluvias ya han retrasado bastante la poda y soy consciente que 13 Viñas tienen mucho trabajo por hacer. No quiero entretenerles ni hacerles perder el tiempo. Pero Julio, una vez más, me pone los pies en el suelo.

_ ‘Maite, esto no es como vendimiar. Cortar racimos puede hacerlo todo el mundo. Esto requiere atención, experiencia y conocimiento. Si quieres aprender de verdad, debemos tomarnos nuestro tiempo, tratar cada cepa individualmente, analizar qué le ocurre y entonces tomar lo que consideraremos las mejores decisiones’.

Julio me explica que hay muchos tipos de poda (de formación, de renovación, de reconversión, de recuperación, de trasplante) y que nosotros nos encontramos ante probablemente la poda más complicada de todas. ‘Cuando una viña es joven, la poda sirve para sentar las bases para una correcta formación y la cepa, más o menos, te obedece. Pero cuando la viña es vieja, deteriorada e incluso maltratada, la poda significa entender la planta, ayudarla en su ciclo biológico y tratar de prolongar al máximo su tiempo de vida útil’.

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Julio habla con amor, como si de una persona o un hijo se tratara. Hay sentimiento y eso me conmueve. Le escucho con atención y me doy cuenta que yo venía con la guía de poda aprendida desde casa, dispuesta a cortar sarmientos, seleccionar los mejores pulgares -esos que dan continuidad al flujo de savia-, dejar hábilmente dos yemas por pulgar, darle caña a las tijeras y parecerme a todos esos viticultores natos del Bierzo. Aunque para ser honesta os diré que me bastaba con impresionar a Julio con mis ganas, mi motivación y trabajo y poder llegar a decir que yo podé mi viña en la cosecha 2024. Pero ha pasado una hora y solo hemos podado seis cepas. Y a cada cepa que nos enfrentamos, más enrevesado y arduo me parece tomar las decisiones. Creo que deberé rebajar mis expectativas.

Anatomía del sarmiento

Empezaremos por el principio. La vid se encuentra en estado de reposo vegetativo o durmiente. Son cepas en vaso, así que realizaremos una poda corta (con un único pulgar en cada brazo -4 brazos- y dos yemas en cada pulgar). Antes de comenzar a podar, recortamos en trocitos los sarmientos y los dejamos en el suelo para su descomposición. “Si no hemos tenido graves problemas de hongos o queremos hacer una barbacoa, los dejamos en el suelo para aumentar la fertilidad del suelo y mantener cerrado el ciclo de la materia orgánica’’, expone Julio.

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Eliminamos los sarmientos bajos, dañados y aquellos que están creciendo en direcciones no deseadas. Una vez hemos reducido todo, parece que todo se ve más claro. Hay que seleccionar los 4 pulgares que vamos a dejar para la próxima temporada. Estos sarmientos deben ser sanos, fuertes y estar bien ubicados en el sistema de conducción de la vid. ¿Parece fácil, no? Pues entran en juego las variables: ‘Esta parte de la vid está muriendo, está completamente seca, hay que cortarla’. ‘Este sarmiento es el más fuerte pero no interesa que mire hacia el suelo’. ‘Este otro lo doblegó el viento o la lluvia, hay que apostar por uno nuevo’ ‘Este tiene mala pinta pero es el único potable’…. Y así cada cepa es un mundo. A veces apostamos por dejar sarmientos productivos (que nos darán uvas), otras veces por sarmientos de formación (darán uvas el año que viene). Con Julio al lado parece fácil, pero a la que me quedo sola me invaden mil y una dudas. Apenas avanzamos.

Reinterpretación de la poda de respeto

»¿Habrás estudiado la poda de respeto, verdad? Pues en este caso, debes olvidar lo aprendido -Julio se muestra tajante-. No significa que no creamos en la poda de respeto, pero aquí partimos de un viñedo viejo que ha sufrido muchas mutilaciones, muchas heridas, muchos ataques… aunque la planta vive, revive y sobrevive. Es su naturaleza».

A veces para vivir, la cepa elige nuevos caminos dejando porciones de madera seca o muerta en sí misma. Julio saca una pequeña hacha, una sierra y realiza una poda quirúrgica. ‘Esto le pesa a la planta, hay que quitarlo, es como un cáncer. Sé que no es lo que se explica en las Universidades pero así es como lo hacían nuestros mayores y nosotros hemos heredado la mayor superficie de viñedo viejo de Europa. Por algo sería…’.

De nuevo se impone la sabiduría popular, conocimientos transmitidos de generación en generación que forman parte de la cultura vitivinícola del Bierzo. Reconozco que esas enseñanzas tradicionales de origen incierto muchas veces me desconciertan. Escucho, reflexiono, cotejo mi mente analítica, dudo, cuestiono… Julio se inquieta cuando no me resulta fácil entender el porqué sí o porqué siempre se ha hecho así.

Me dice: ‘Maite, observamos las plantas, los suelos, lo que sucede a nuestro alrededor y aprendemos de la experiencia pero no solo de nuestra experiencia, sino de la de nuestros vecinos y la de generaciones pasadas’.

Y la verdad es que esa cultura vitícola ancestral, con todos esos intangibles poderosos y asentados, han llevado a la DO Bierzo a lo más alto: añadas “Excelentes”, récord de puntuaciones Parker, vinos con 100 puntos, reconocimiento mundial… ¿Qué decir? La originalidad no es más que una imitación hecha con juicio. No lo digo yo, lo dijo Haruki Murakami.

Han sido tres días intensos de aprendizaje en el campo. Frío, calor, trabajo, cortar aquí, estacar allí… Ramas, flores, pájaros, naturaleza… Una semana que ha transformado por completo el aspecto de mi viña, ahora más limpia, ordenada, recompuesta. Y ha transformado completamente mi mirada hacia las plantas. Porque ahora cada una de sus formas retorcidas, sus heridas y cicatrices me hablan de ella y de su vida anterior. Comprendo mejor su manera de sobrevivir, sabia, sorprendente, hermosa y natural.

Hecho un último vistazo a la viña antes de partir y si no fuera porque lo he visto antes, me parecería imposible creer que esos troncos viejos y secos en pocos meses revivirán con fuerza y vigor a la llegada del calor. Estoy impaciente. Me voy contenta. Quizás no sean las viñas más bonitas del mundo, pero me siento orgullosa de colaborar con 13 Viñas en la salvaguardia de viñedo viejo del Bierzo.

Publicado por maiteruiza

Periodista. Especialista en Vinos. Autora de El Viaje al centro del Vino

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