Cómo pasa el tiempo, cómo corren los días, las horas… Parece que llegué ayer y ya han pasado 20 días. Veinte días en los que he revisitado muchos pueblos, parajes y personas.
Aún me quedan amigos catalanes que se sienten intrigados por el Bierzo y mi relación con esta tierra. A mí me encanta recibirles y recorrer de nuevo esos lugares que tanto me gustan: Molinaseca, Compludo, Las Médulas, Peñalba de Santiago, Vega de Espinadera, Cacabelos, Villafranca… Y aprovecho por descubrir sitios nuevos como el Chano y su castro, el valle de Fornela, La Muria y vivir nuevos momentos como las rondas de Valtuille de Arriba, la fiesta de Sorribes o esa cata a pie de viña en lo alto de Rimor, con el sol poniéndose y dejándonos una estupenda vista del valle.




En estos días, poco he tocado la viña. No he tenido mucho tiempo o mejor dicho, no le he destinado mucho tiempo. En el grupo de padrinos el debate se centra ya en el inicio de vendimia y futuras elaboraciones: jóvenes, crianzas, vinificaciones en inox, en barrica, en ánfora… Hemos crecido y ahora el apadrinamiento dá para más experimentación. Julio, con esa calma que le caracteriza, va organizando el calendario. Iremos viendo pero si viene otra ola de calor, quizás se nos adelante. ‘¡Ay madre! Ya empiezan los nervios’.
Una añada atípica
El Bierzo aún vive la resaca de las puntuaciones Parker. En Valtuille de Abajo homenajean a Raúl Pérez con una gran fiesta popular y le dedican una calle en el pueblo. 100 puntos Parker bien lo valen aunque Raúl Pérez ya ha hecho mucho por Valtuille y por el Bierzo. Pero digamos que esos 100 puntos son el colofón, la guinda, el broche de oro.


Mientras tanto, la maduración de las uvas avanza y algunos ya han empezado a vendimiar. El Merenzao de Cantariña y el Chardonnay de Prada abren la temporada de vendimia. La DO augura un récord de producción, los viticultores preparan las jaulas, las tijeras y los baldes y en la bodega toca embotellar para liberar depósitos y barricas. Faltan vendimiadores, otro año más.
La actividad no para y todo el mundo está esperanzado pero esta añada no ha sido una añada de libro. Más bien todo lo contrario. Ha habido angustia y sufrimiento porque ha llovido mucho y el que no reaccionó a tiempo con los tratamientos contra el mildiu, ha perdido mucha, mucha uva. Es cierto que es un año de grandes producciones y eso lo compensa, por un lado o por otro. Pero ha sido un año muy irregular en brotación, floración y madurez. El tiempo también ha sido irregular, más cálido que fresco, pero igualmente irregular. Parece que eso que llamaban un ciclo estable de la uva está desapareciendo y hay que adaptarse a la nueva realidad del cambio climático o lo que sea que sucede añada tras añada. Pero así es el campo: imprevisible, cambiante, inseguro… y pese a todo, gratificante.
Toca tomar decisiones




Subo hasta Cubillines en coche y camino hasta la viña. Por el camino, veo muchas cepas sin un solo racimo: algunos secos, otros comidos por el jabalí. Cuando llego a mi viña, lo primero que observo es mucha vegetación, color verde intenso, con alguna pequeña mancha en las hojas pero sin grandes afectaciones. El trabajo de 13 Viñas con los tratamientos parece que ha funcionado. Hay racimos muy dispares: grandes y pequeños, algunos con corrimientos, otros perfectos, unos con uva abundante, otros con pocos racimos… Mucha vegatación en la planta, mucha hierba en la tierra pero no hay queja. Está sano e infinitamente mejor de lo que he visto por ahí. ¡Welll done!
Me quedo tranquila aunque esos racimos de grano menudo me hacen dudar sobre qué debo esperar: a que engorden un poco o simplemente que maduren bien tal como están. Sea lo que sea, eso no depende de mí.
¿Tienes clara la vinificación?, me pregunta Julio. Eso sí depende de mí y pensaba que sería más fácil decidir llegado el momento. ¿Subimos esta semana con el refractómetro y decidimos?, le digo a Julio.
‘Hay que comprar las barricas, no queda ya tanto tiempo’, me recuerda. La sensación de equivocarme en la decisión y no hacer lo más adecuado me inunda. Pero después pienso que el vino será como la vida o el ajedrez, donde cada movimiento nos lleva por un camino diferente hacia un futuro, ni mejor ni peor, simplemente distinto.

