9 de Marzo 2024. Han pasado seis meses de mi última estancia en el Bierzo y todo un invierno, cálido y seco en Cataluña y extremadamente lluvioso en el Bierzo. ‘Ha llovido este año lo que no está escrito’, apunta Julio. Pero sí se ha escrito. Los medios locales hablan de precipitación acumulada por encima de la media histórica. ‘A día 10 de marzo y desde el comienzo del presente año hidrológico 2023-2024 la media ha sido de 889,8 litros por metro cuadrado, un 23% superior al año anterior y un 46% por encima de la media histórica‘.


Y mientras la sequía pone en jaque a toda España, en el Bierzo los suelos no dan a basto. Voy a ver mi viña y pese a tratarse de un suelo arenoso, que absorbe bien el agua y se filtra con facilidad, el exceso de humedad aumenta a medida que desciendo a la parte inferior de la viña. ‘Vamos retrasados en la poda a causa de las lluvias, a ver si nos da una tregua y terminamos que no nos ha dejado’. Esta ha sido la frase más escuchada esta semana en el Bierzo por parte de los viticultores. ‘Que si yo termino esta semana, que si a mi me faltan dos, que yo voy mañana todo el día sea sábado o domingo…’.
Y es que dicen que ‘Quien en marzo no poda su viña, pierde su vendimia‘. Aunque creo que la variación global del clima de la Tierra está trastocando todos los dichos populares sobre el clima y el tiempo que durante siglos sirvieron a los habitantes de las zonas rurales para predecir y trabajar en la producción de sus campos. Sea como fuera, a nosotros esta semana, llueva, nieve o haga sol, nos toca podar.
Cata de barrica
Pero ahora voy para la bodega. Hay que probar el vino. Julio ha marcado con mi nombre la barrica, ‘Maite’. ‘Aquí lo tienes, a ver qué tal lo encuentras’. Mi barrica está junto al huevo de hormigón -novedad en la bodega-, y dos preciosas ánforas de arcilla de otro de los padrinos. Este año va ser un gran año de experimentos en 13 Viñas.


Me acompañan Jesús y Mónica, que tienen un paladar fino que ya me gustaría a mí. Y es que el momento es trascendente. No se trata de ver si te gusta más o menos, sino de tomar decisiones: trasiegos, tiempos de crianza, embotellado…
‘Haz los honores, Maite’, me dice Julio, empoderándome. ‘Es tu vino’. Él lo dice y yo tengo que hacer un esfuerzo para actuar como bodeguera. Pero cojo la pipeta toma muestras y deposito el vino extraído de la barrica en una jarra mientra Julio prepara las copas.

Análitica y cata
El color ya me encanta. Vivo, brillante, de capa media alta y una limpidez púrpura sorprendente si tenemos en cuenta que solo hemos realizado un solo trasiego. Pero también es cierto que no hubo postmaceración, que no prensamos –solo exprimí suavemente los hollejos con las manos– y que la temperatura fría y estable de la bodega ha hecho su trabajo de decantación y limpieza.



El vino está frío pero la intensidad aromática de la mencía se percibe igualmente. ‘Me encanta en nariz‘. Los aromas a flores, frutas de zarza frescas y toques especiados se van alternando. En boca, fluido, suave, taninos muy redondos, sabores intensos y un toque de clavo inesperado. ¿No pusiste raspón, verdad?, me pregunta Mónica. ‘No, cero raspón. ¿Notas verdor?’. ‘No, hay un leve final amargo pero nada molesto. Me gusta más que el 2021 pero puedes dejarlo un poco más aún en barrica, la fruta esta muy viva’. Miro a Julio. ‘Como tú veas, Maite… Es una decisión enológica como muchas otras. No hay una buena y otra mala. El vino está muy bien. Ahora depende de lo que quieras o sientas’. Y eso que Julio dice con tanta naturalidad, es mi gran desafío.
Repasamos la analítica realizada y los parámetros son correctos. El grado alcohólico es el que quería. Más ligero, menos alcoho (13,3%)l. La acidez total es correcta pero en boca no he percibido la deseada. Cato de nuevo. ‘No está nada mal, me gusta, me gusta’.

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‘Podemos embotellar un par de botellas y te lo llevas. Lo pruebas y lo catas de nuevo en un mes’. Me parece una buena idea. Así que de momento lo dejamos que siga tranquilo en la barrica.
Parece sencillo, ¿verdad? Pero os aseguro que la realidad es mucho más compleja que este post. Un vino artesanal, que no se produce en cadena, no siempre entiende de parámetros analíticos. Porque, de un año a otro, nada es igual. Esa parte intangible es la verdaderamente complicada. Porque una vez está en la copa, pues el vino gusta más o menos. Pero intentar entender el porqué es cómo es, qué ha influido más o menos, porqué hay vinos que evolucionan de una manera y otros de otra, siendo todo la misma variedad, vinificaciones parecidas… ahí está el rompecabezas.

Sabemos que en la calidad del vino influye el terroir que le ha visto nacer, el suelo, la cepa, el clima, la altitud, la exposición, los trabajos, los tratamientos, el momento de vendimia pero, sobre todo, influyen cada una de las decisiones que vamos tomando a lo largo de todo el año. Que practiquemos una enología no intervencionista (sin química), no significa que no tomemos decisiones (despalillado, uso de raspón, estrujado, prensado, maceraciones, bazuqueos, trasiegos…). Y os aseguro que ahí está la gracia, el valor agregado de cada vino.
Sólo os pido que lo penséis 30 segundos cada vez que abráis una botella (especialmente, si son botellas de pequeños productores). Además de vino, esa botella está llena de mucho trabajo, esfuerzo, dudas, temores, ilusión... pero sobretodo llena de pasión, esperanza y amor por el vino. Y después ya, puro disfrute.
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