Bodegas Adrià, el salto a los vinos de calidad

Dentro de una bodega, la enología es una parte fundamental. Y no me refiero aquí a ese enólogo de libro con perfil científico y responsable de dirigir y analizar las técnicas de elaboración del vino. Me refiero a esa figura mayor que personifica el saber vinícola de la bodega y que es crucial para determinar las características finales de un vino, su personalidad y los rasgos de identidad propios. Para ello se implica no solo en la vinificación, la supervisión y control de calidad, los tipos de crianza o los cupages. Toma decisiones clave en el cultivo del viñedo, las variedades, el terruño, la producción e incluso la comercialización. Bodeguero, enólogo, vitivinicultor, director técnico… ¿Nace o se hace?

Quedamos con Adelino Pérez, Lilo para los amigos, en Bodegas Adriá. ‘Yo estudié Administración y Dirección de Empresas y antes de entrar en el mundo del vino, trabajé para diferentes sectores: formación, tecnología, construcción… En 2010 empiezo a trabajar en Bodegas Adriá como director financiero y comercial y reconozco que el mundo del vino me atrapa sobremanera. Voy a ferias, cato, aprendo. Voy a las viñas, a la bodega, hago cursos, escucho mucho y sigo aprendiendo. Y así hasta día de hoy que soy el gerente y dirijo todos los departamentos de la bodega y la elaboración de los vinos’.

Podríamos decir que entró tarde en el sector, con 40 años. Pero esa inquietud incansable, esa motivación y esa capacidad de auto aprendizaje le han llevado 12 años más tarde no solo a dirigir Bodegas Adriá, sino a presidir el consejo regulador de la DO Bierzo. ‘Me encanta este sector y me gusta invertir mi tiempo en él si eso significa que puedo contribuir al desarrollo y reconocimiento de los vinos del Bierzo. Muchos de mis mejores amigos son viticultores y bodegueros. Con ellos he aprendido y he crecido, y siento que es mi deber, junto a ellos, trabajar por fortalecer la DO Bierzo e impulsar proyectos del interés general’.

Otro día hablaremos con calma de la DO. Hoy quiero descubrir la historia de Bodegas Adriá.

Para ello nos remontamos tres generaciones atrás cuando el alicantino Francisco Pérez Adriá, al que todos recuerdan como gran amante del Bierzo y de su vino, fundó, en 1940, la llamada Bodega de Francisco Pérez Adriá. Adquiere viñedos, compra uvas y construye la bodega en Villafranca del Bierzo y, siguiendo el modelo de las cooperativas de la época, elabora y vende vino a granel, principalmente a Galicia y Asturias. Tras su muerte, primero su viuda y luego su hija Rocío, continúan con el negocio que en 1975 pasa a denominarse Bodega Hija de Francisco Pérez Adriá. ‘Esta bodega es el germen de todo y todavía hoy continua con su labor, produciendo vinos de la tierra de Castilla y León, con uvas procedentes del Bierzo y del resto de la comunidad. Y sigue en activo, elaborando hasta 3 millones de litros’.

La bodega mantiene activos los primeros depósitos de hormigón, enterrados bajo tierra, a la que fueron sumándose depósitos de inox de gran tamaño, prensas, despalilladoras, laboratorio, tecnología… ‘Aquí se envasa y distribuye vino joven, económico (a granel, en bag in box o en botella) tanto para mercado nacional como para exportación’, explica Adelino.

Y precisamente de ahí nace en 2002 Bodegas Adriá, a iniciativa de Rocío Pérez Caramés quien, como su padre, está convencida de la gran potencialidad de las uvas del Bierzo y se propone dar un valor añadido a sus viñedos elaborando vinos de calidad bajo la Denominación de Origen Bierzo. ‘Es un proyecto paralelo donde se busca crear una marca de prestigio, con vinos de calidad, del que sentirse orgullosos y que sumen al reconocimiento de la DO Bierzo’. Ahí es donde Adelino Pérez adquiere toda la confianza de Margarita y Rocío, hijas de Rocío Pérez Caramés y tercera generación en la empresa. ‘Las mujeres han tenido y tienen un papel clave en esta bodega. Desde la viuda hasta las nietas de Francisco Pérez Adriá han luchado y apostado por este negocio y por el Bierzo con espíritu tenaz y emprendedor y desde la humildad y la sencillez. Yo me siento muy orgulloso de haber crecido con ellas’.

Los vinos y la bodega

Bodegas Adriá cuenta para su elaboración con 12 hectáreas de viñedo propio que rodean la bodega como en los míticos chateaux franceses. Algo bastante sorprendente e inusual en el Bierzo por la agrupación de parcelas, plantadas en espaldera y mayoritariamente de uva godello. ‘De estas 12 hectáreas, 10 son de godello entre 20 y 40 años de antigüedad cultivadas en espaldera (fruto de la reconversión) que nos ha permitido mecanizar ciertos trabajos y ser más eficientes. Además, controlamos unas 15 hectáreas de micro parcelas de mencía pertenecientes a viticultores de la zona (entre 25 y 90 años de edad) en la zona de Villafranca del Bierzo, Parandones, Valtuille de Arriba y ahora hemos seleccionado también una parcela en Corullón’.

Como buen administrador, Adelino admite que hace unos años la espaldera era sinónimo de rentabilidad y ofrecía determinadas ventajas asociadas a la calidad. No le molestan las plantaciones nuevas aunque tiene claro que si algo caracteriza al Bierzo y debe protegerse es el viñedo viejo. ‘Hay que encontrar el equilibrio y sobretodo proteger lo que tenemos, la riqueza genética de los viñedos viejos que es lo que nos va a dar calidad. Para ello, la zonificación es esencial para dar más valor al origen de la uva. Solo si el vino tiene más calidad, subirá su precio y al final el viticultor lo verá repercutido en el precio de la uva. En eso debemos concentrar los esfuerzos’.

Y es que hacer vinos de calidad en el Bierzo, que expresen la variedad autóctona y el terruño, y otorgándoles a la vez un carácter personal no es tarea fácil. Adelino Pérez reconoce que cada día aprende algo nuevo, da gracias a la gente que le ha rodeado y enseñado y no le teme al fracaso. ‘Me gusta probar y experimentar con los procesos de elaboración, las crianzas y sólo sale al mercado si me gusta el resultado’. Ahora en bodega está tanteando con un godello bajo velo flor, otro en ánforas de barro, un orange wine y un clarete. ‘El clarete está a punto y saldrá al mercado este año’.

Trabajan con fermentaciones controladas en depósitos de inox entre los 1.500 y 5.000 litros y medio centenar de barricas aunque también cuentan con un tino de fermentación, varios toneles de distinta capacidad y un fudre de 5.000 litros para las crianzas. A modo experimental, se suman las ánforas de barro y toneles de 600 litros para alguna fermentación en barrica.

Elaboran entorno a las 200.000 botellas, de las cuales 60.000 son de godello y sacan al mercado seis referencias de vino, tres godellos y tres mencías. En la entrada de gama vinos jóvenes, frutales, con poca extracción y fáciles de beber para seguir avanzando hacia vinos con más estructura, cuerpo y complejidad. Todos ellos vinos muy acertados, impecables y competitivos, aunque mención especial merece El Toleiro, su blanco parcelario del que elaboran solo 500 botellas y al que Adelino Pérez ha conseguido dar al godello una complejidad exquisita con notas cítricas pero maduras, flores secas, hierbas, lías finas y hasta con un toque de salinidad. ‘En la mencía me gusta que destaque la variedad por eso trabajamos con fudres, toneles y barricas usadas que permitan la microoxigenación pero con aporte mínimo de madera. En los godellos, la complejidad nos la da la crianza sobre lías en barricas de roble francés y un año de botella’.

Los vinos de Bodegas Adrià han encontrado su mejor aliado en el mercado exterior. ‘El Bierzo es nuestra asignatura pendiente. El 70% de los vinos Adriá se consumen fuera (Estados Unidos, Canadá, Alemania, Bélgica, Países Nórdicos, etc.) donde le dan valor a nuestros vinos. El resto, se distribuyen en ciudades españolas’. España es el segundo exportador mundial de vino en volumen y el tercero en valor. Los datos demuestran que los jóvenes siguen sin considerar el vino como una opción en su consumo cotidiano, algo que preocupa mucho Adelino. ‘Los hábitos de consumo de las nuevas generaciones son distintas y si queremos que se acerquen al mundo del vino debemos conectar con ellos a través de experiencias vivenciales, de historias humanas, reales y auténticas. Hay que despojar al vino de esa imagen elitista y ese lenguaje tan complejo e inaccesible. El vino es mucho más que eso y no hay que ser un entendido para disfrutarlo’. Ni que lo digas. ¡Gran verdad! 

Publicado por maiteruiza

Periodista. Especialista en Vinos. Autora de El Viaje al centro del Vino

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