¿Embotellamos?

Estamos ya a 31 de julio de 2024, es decir, han pasado 323 días de la vendimia, 10 meses y 19 días o, como diría Sabina, 19 días y algo más de 300 noches. El vino sigue en la barrica. Julio se ha encargado de rellenar las mermas (el vino almacenado en barricas sufre una evaporación anual que puede llegar hasta el 6%) y todo está bajo control. ¿Cuándo quieres embotellar, Maite?

Buena pregunta. El momento adecuado para embotellar el vino depende de varios factores, incluyendo el tipo de vino, su proceso de fermentación y envejecimiento, la evolución y, lo más importante de todo, el perfil de sabor deseado. Para lo primero, Julio me manda la última analítica.

Todo dentro de lo establecido: acidez correcta, la volátil (nos indica el grado de acetificación) acertadamente baja, sulfitos los justos, el alcohol contenido y fermentaciones completadas. No se puede pedir más. Salto de alegría.

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Referente al sabor deseado, solo hay una manera de decidir: degustando el vino. ‘¿Te mando una botella?’, me propone Julio. ‘No hace falta, en breve estoy ahí y lo probamos en bodega’, le digo. Así es, el próximo fin de semana me propongo emprender El Viaje al Bierzo de nuevo. Esos 893 kilómetros que nos separan. Un verano más, una cosecha más.

Los meses de agosto y septiembre me gusta, si puedo, vivirlos allí. Son la recta final. Los uvas crecen, empieza el envero (el cambio de color de las uvas) y se inicia el proceso de maduración. Es a partir de este momento cuando se producen los cambios más importantes en cuanto a aromas, color y sabor. Las uvas pierden el color verde propio de la inmadurez producido por la clorofila y se vuelven doradas (las variedades blancas) y púrpura (las variedades tintas). A la vez, los niveles de agua y azúcar suben, se reduce la acidez y su piel empieza rápidamente a hacerse más fina y la pulpa más suculenta.

Julio me manda unas fotos de la viña. ‘Está siendo un año duro con tantas lluvias pero, de momento, parece que tenemos las enfermedades bajo control. Aunque hay menos uva que el año pasado. Las lluvias afectaron en la floración’.

No nos pongamos nerviosos. Lo importante es que la planta esté sana y si hay uva, hay vino. Seguimos para bingo.

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¿Entonces te espero para embotellar? Sí, sí, espérame. No vendrá de una semana.

Pero la impaciencia me mata. Recuerdo que tengo una botella en la vinoteca que embotellamos en Marzo. Llamo a Enric de La Vibio, una de las mejores vinotecas de la zona. El Viaje al centro del Vino 2023 Barrica. ¿Te apetece que lo catemos?‘Por supuesto. Baja’. Cojo el coche y voy hasta Amposta. Allí me espera Enric, en su tienda de vinos-winebar, rodeado de botellas maravillosas. Lo descorchamos sin rodeos y WOW. Color limpio y brillante. No es tan púrpura como la cosecha 2021, ahí se nota ya el efecto barrica. Los aromas son fascinantes: intensos, florales, con notas especiadas… ¡Me encanta! En boca, no engaña. Es mencía y sí, es menos intensa, más redonda, más fluida… ¿Acidez? Enric le da un media+. ¿Seguro?, le pregunto. Y es que a mi me flipa la acidez bien pronunciada y vibrante. ‘Que sí, Maite, está muy equilibrado’. No sabéis lo difícil que es catar tu propio vino. Así que, Gràcies Enric.

Salgo de la tienda feliz y ahora me pregunto si el vino seguirá así en la barrica. Porque han pasado 4 meses y el vino avanza y la decisión de cuándo embotellar requiere de eso, de equilibrio entre la ciencia y el arte. Por un lado, hay que monitorear los parámetros (pH, acidez, compuestos) para asegurar que el vino mantiene su equilibrio y estabilidad pero igualmente importante es realizar catas periódicas del vino de la barrica para entender su desarrollo y evaluar aspectos como aroma, sabor, estructura tánica y equilibrio.

Me llevo el vino sobrante para que lo prueben en casa y gusta a todos. ‘¿Este es el nuevo, el de la barrica? Me parece más suave y ligero que el anterior’, dice mi hermana Pili. ‘Sí, claro. Y eso buscaba’ -le respondo-, aclarándole los condicionantes: la añada fue más fresca, vendimiamos antes para obtener uvas más crujientes, no tan maduras. También hay menos tiempo de maceración y por supuesto, la madera que, aunque se trata de barricas usadas, han hecho su trabajo en cuanto a textura, aromas y sensación en boca del vino.

No se si me entienden ni si me escuchan -somos muchos y hablamos a la vez- pero les observo beberlo y sonrío, porque verles con la copa en mano, disfrutando, en la mesa familiar -como todos los sábados-, junto a mi madre, mis hermanos y mis sobrinos me complace mucho. Porque para eso es el vino, para generar momentos como estos dónde compartirlo y disfrutarlo.

Así que… Para no agobiarles con más detalles / para no asediarles con mi antología de Vinos y Bierzo / para no cansarles ni ser la fantoche que va, en romería, con la cofradía del Santo Erudito, decido callarme. / Pero para nada me olvido / que mi vino lleva ya en la barrica 19 días y trescientas noches.🫶

Publicado por maiteruiza

Periodista. Especialista en Vinos. Autora de El Viaje al centro del Vino

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