Oigo disparos

Son las diez de la mañana y sentada en el escritorio de mi casa en Cacabelos, con el balcón abierto, empiezo a oír los primeros disparos. Suenan claramente, parecen tiros de escopeta. Inmediatamente pienso en los cazadores alertados por los viticultores por la presencia de jabalíes. Solo ellos pueden hacerle frente a la población deSigue leyendo «Oigo disparos»