‘Nos va la marcha’

‘Nos va la marcha’ es una expresión con sentido figurado que significa que nos gustan las situaciones difíciles, arriesgadas o al límite del riesgo. Y este año en la viña, en el Bierzo, o te va la marcha o mejor márchate a casa porque ha sido y está siendo un año complicado, difícil y con muchos, muchos riesgos.

Hasta el momento parecía que en Alto de San Esteban, en las viñas de Cubillos, habíamos conseguido superar casi todas las batallas que han acechado este año a los viñedos del Bierzo: agua, heladas, hongos, granizo, calor… Sí, Julio reconoce que hemos tenido que tratar más de lo deseado, hasta 5 tratamientos de sistémico y el último de caldo bordelés, pero es que era eso o la muerte (literal) de las uvas. En el valle, entre granizo y los ataques del mildiu, muchas parcelas -especialmente las ecológicas- están sin uvas. ‘Ya no merece la pena ni tratar ni desbrozar porque no hay uva’, me dicen muchos viticultores. No hay nada más triste que una cepa sin uvas pero es que las precipitaciones y granizadas han sido intensas y los ataques del mildiu demoledores. Y por si fuera poco, la hierba alrededor crece con una facilidad imparable.

Así que no nos vamos a quejar demasiado porque en mi viña uva y racimos -de momento- hay. Pero es que paseo entre las viñas, miro las cepas, veo las hojas, el color y… no nos engañemos, estamos sufriendo como ningún año antes. Hay ramas y racimos secos por el mildiu, corrimiento, hojas muy tocadas y ese color amarillento que nos dice que hay enfermedad. La planta está luchando, con hojas y dientes, para ganarle la batalla al Mildiu. Pero el calor sumado a la humedad genera las condiciones idóneas para su desarrollo. ‘Hasta ahora vivíamos en un oasis, ya pensábamos que librábamos pero finalmente aquí está. Esto es mildiu larvado, una variante que se desarrolla en el interior de las bayas del racimo y los seca por completo’, me explica Julio. El envero ha empezado. Así que ya no vamos a tratar más porque empieza la maduración y es que las uvas cambian por fuera (su color muta) pero también por dentro (azúcares, compuestos fenólicos…). La suerte está echada.

Pero Julio -pregunto yo, asustada-, ¿va a parar? ‘Pues veremos si el ultimo tratamiento hace su efecto y la planta lo resiste. Los próximos días serán clave para ver cómo evoluciona’.

Estos ataques no serán graves si suben las temperaturas pero si pueden generar daños importantes en la cosecha si persisten las condiciones de humedad. En el Bierzo, este año los viticultores saben que no será año de bienes al menos en cuanto a producción. Pero cruzan los dedos porque saben que la grandeza del campo está en que muchas de las situaciones que son catastróficas para la cantidad, se convierten en mágicas para la calidad: cepas con poca carga y racimos muy abiertos con bayas pequeñas. Si la cepa se concentra en hacer su trabajo, la maduración se realiza lenta y correctamente y acertamos en la vendimia, aún podemos conseguir grandes vinos y de gran finura. Si es que nos va, nos va la marcha.

Publicado por maiteruiza

Periodista. Especialista en Vinos. Autora de El Viaje al centro del Vino

Deja un comentario