Aurelio Feo Viticultor, el valor de la resistencia

Historias de resistencia en el Bierzo hay muchas pero la de Aurelio Feo tiene ese áurea de honestidad y autenticidad que te atraviesa a los cinco minutos de conversar con él y de verle hablar de sus viñedos. Siente pasión por las viñas y por la viticultura honesta y le da igual las modas, las tendencias o el marketing…. lo suyo es cuidar las viñas. Por eso se declara, ante todo, viticultor.

En España, estamos poco acostumbrados al pequeño viticultor que también elabora, embotella y vende sus vinos. Quizás nos dejemos llevar demasiado por las marcas, las macrobodegas, los premios y las guías. Y quizás sea hora de empezar a mirar y reconocer a esos pequeños, discretos pero grandes entendidos de la tierra y el vino. Esos a los que tanto defienden Raúl Pérez o Telmo Rodríguez. Viticultores como Aurelio Feo, comprometido con la herencia que ha recibido y elaborador de vinos auténticos, legítimos, que le hacen sentirse orgulloso del trabajo que realiza durante todo el año en las viñas. 

‘Hacer vino lo hemos hecho toda la vida. Nunca fuimos cooperativistas. O vendíamos la uva o vendíamos el vino y en 2011 decidimos lanzarnos y sacar nuestros vinos al mercado’. Para Aurelio era un sueño: tener su bodega, dar valor y reconocimiento a su trabajo y al de las tres generaciones precedentes, a la tierra que han cuidado y cultivado y a las viñas que, para él, son su vida. Junto a él, sus dos hijos, Noelia y Adrián, formándose y apoyándole en todo momento en la parte técnica y comercial. ‘Este año cumplimos 10 años y estoy contento porque hago lo que me gusta y no tengo ninguna duda de mis vinos. Pero es duro vender, los mercados, la guerra de precios…’.

Y es que en su proyecto no manda el marketing, sino la pasión. Esa pasión por el viñedo que hace que se conozca una a una todas las cepas: las viejas, las nuevas, las recuperadas o re injertadas… y que le hace mantener intacta su filosofía de trabajo: obtener una uva de calidad, intervenir lo menos posible en bodega, trabajar con las crianzas y dar toda la importancia a la variedad y al terruño para obtener vinos únicos. Y lo consigue, porque sus vinos son dignos de los más exigentes.

El viñedo y la bodega

Las viñas de Aurelio Feo suman unas seis hectáreas distribuidas en 17 parcelas, todas en el contorno de San Andrés de Montejos, a lado y lado de la carretera entre Ponferrada y Cubillos del Sil y en las faldas de los montes como los Montes Castro, dos lomas gemelas conocidas como las tetas del Bierzo. ‘No hace tanto todos los alrededores de San Andrés eran viñas, antes del embalse, antes de la central térmica… Se abandonó mucho viñedo, hoy cubiertos de monte y matojos, pero ésta era tradicionalmente una zona vitícola’, explica. Parajes como BuenComienzo, las Aragonas, La Lomba o Montelíos lo confirman y especialmente Montelíos, del latín Mont Helios, un castro pre-romano donde los queledinos rendían culto a Júpiter, Dios del Sol. ‘Es una viña plantada a principios del siglo XX sobre suelos pobres pero con mucho sol, libre de nieblas y eso nos permite obtener una uva sana, madura, con todo el potencial de la mencía y la personalidad del terruño’, cuenta Adrián mientras Aurelio ya ha saltado la valla y ha empezado a recorrer las viñas. Y es que la tierra le tira y el ver sus viñas sanas, con vigor, con colores vivos… eso le da la vida y le enorgullece. ‘¿Notas la diferencia entre estas viñas de aquí y aquellas de ahí?, me pregunta. ‘Cuando una viña tiene este color, vivo, intenso, con vigor… eso es que la planta tiene todo lo que tiene que tener -agua, sol, nutrientes esenciales, suelos profundos y biológicos, sin enfermedades- y eso requiere trabajo, cuidado, atención. En el campo, hay que trabajar’, proclama Aurelio para los que aún piensen que el laboreo vitícola es pan comido. Si a eso le sumamos rendimientos ajustados y buen ojo en el punto de maduración de la vendimia, la calidad está garantizada.

La bodega se encuentra en la parte trasera de la casa, ocupa el cobertizo y la parte baja de la vivienda, semienterrada y representativa de eso que hoy llamamos bodegas de garaje. Pero un garaje en el que caben varios depósitos (dos de hasta 8.000 litros), una sala con 50 barricas de roble francés y un espacio de almacenaje de jaulas para el envejecimiento en botella. ‘No hacemos ningún vino joven porque pienso que la crianza, tanto en barrica como en botella, a los vinos le vienen muy bien’. Elaboran entorno a las 15.000 botellas que venden en el Biezo y en España mayoritariamente.

Y elaboran cuatro tintos (mencía) y un blanco.Su entrada de gama es Cruz de San Andrés, en homenaje a su pueblo y a su bandera. Un mencía roble con seis meses de barrica muy vivo y muy sabroso. Buencomiezo procede de una única parcela de cepas viejas que envejece 12 meses en barrica de roble francés y un año en botella. Y el resultado es un vino elegante con los taninos perfectamente pulidos y en perfecta armonía entre la fruta y los aromas de la crianza. Montelíos es, como ellos le denominan, un vino de leyenda, de esa parcela de cepas centenarias, bajo el castro de San Andrés, con suelos de arcilla y pizarra descompuesta y ampliamente soleada hasta que se expiran los últimos rayos del sol del Bierzo. Producen solo 900 botellas. Las uvas fermentan con sus propias levaduras en depósito de inox para luego envejecer 18 meses en barricas de 300 litros y todo lo que precise en botella. ‘Es un gran vino de guarda’, afirma Adrián. Y completa la gama de tintos, Metáfora, una mencía de ánfora. ‘Seleccionamos las uvas de una parcela de 50 años del bahillo, recuperamos el pisado tradicional, con raspón y lo críamos en pequeñas ánforas de terracota’, nos cuenta Adrián, que reconoce que Metáfora es su debilidad.  ‘Me encanta, es fresco, es frutal y con un marcado carácter mineral’. Sin duda, cuatro mencías excelentes, perfectos y claramente representativos del Bierzo a un precio insólito dado el trabajo y la calidad (entre los 8 y los 18 euros).

En blancos, a día de hoy cuentan con una sola referencia, Collage, un cupage de godello (60%), dona branca (20%) y palomino (20%), representativo de las variedades blancas de sus viñas. ‘Empecé haciendo un palomino 100% pero no se entendió. En los últimos años he plantado godello que ya ha empezado a dar los primeros frutos y estamos preparando un godello 100% con crianza’. Porque sí, el godello tiene demanda y hay que reconocer que el mercado es exigente y caprichoso.

‘Sí, a veces me siento un poco incomprendido porque crear un buen vino te cuesta siete veces más que hacer uno industrial. No se reconoce la viticultura tradicional, el trabajo manual, el cuidado de la tierra, esa búsqueda de la calidad por encima de la cantidad… Hay que pelear mucho’. Aurelio habla de lucha y resistencia pero su rostro emana orgullo por lo propio, por lo auténtico, por una forma de vida a la que no quiere renunciar y que le gustaría que sus hijos mantuvieran. Y no hay duda que así será. Noelia y Adrián ya están ahí, entregados, y compaginan sus respectivos trabajos (ella como enóloga en bodegas Estefanía y él como funcionario del Estado) con ayudar a su padre en la bodega y en la distribución. Ambos apasionados de lo que hace y convencidos de que todo este trabajo acabará obteniendo el reconocimiento que se merece. ‘Es lento pero es una inversión de futuro. Y llegará el día en que nos dedicaremos solo a esto. Yo lo veré y mi hijo lo hará’, augura Adrián. Y, la verdad, no me cabe ninguna duda.

Web: www.bodegafeo.es

Publicado por maiteruiza

Periodista. Especialista en Vinos. Autora de El Viaje al centro del Vino

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