Documental ‘La Vendimia’

Una historia de 13 Viñas que refleja resistencia, inclusión y un viñedo que no se rinde

La mayoría de la gente, cuando se sienta a ver una película sobre vino, espera belleza. Espera viñedos perfectos al atardecer, copas brillantes, barricas limpias, bodegas de diseño y discursos sobre fruta roja y taninos bien integrados.

Pero este documental no va de eso.

Aquí no hay glamour, ni catas al atardecer, ni frases preparadas. Aquí hay tierra, uvas y trabajo. Vendimia, a secas.

La vendimia. Una historia de 13 viñas es un vídeo documental firmado por Carlos Cascallana, periodista berciano -de Cubillos, ni más ni menos-. No dispone de grandes cámaras ni recursos, ni un equipo detrás. Lo que tiene es algo más poderoso: las ganas de construir memoria de su tierra, de su gente y de su pueblo. Carlos se suma a la vendimia de 13 Viñas y filma con la urgencia de quien sabe que lo que está viendo puede un día llegar a desaparecer. No busca convencer, ni emocionar. Busca testimoniar. Y lo hace. Te muestra la realidad tal como ocurre, como si estuvieras allí. Sin filtros.

Durante diez días, Carlos sigue con su cámara el trabajo diario. Es la vendimia de 2024, un año peliagudo (lluvias, granizo, mildiu, hierba desbordada…). Julio, sin pose ni guión, hace de narrador. Y, mientras carga las cajas, elabora el vino, limpia la prensa, sufre y sueña, va contando lo que significa construir y mantener un proyecto tan pequeño como resistente. Un proyecto sin herencias, sin generaciones de bodegueros detrás. Sin muchos recursos ni estudios de enología. Solo campo, montaña, tradición y obstinación. La de Julio y Suso, ejemplo de muchas familias y viticultores en la zona. Decidieron dar un paso más y dedicarse por completo a las viñas y al vino. Pero vivir del vino no es tan fácil. Ni en el Bierzo ni en ninguna parte. Así que se las ingeniaron. Literalmente. La falta de recursos agudiza el ingenio, y de esa necesidad nace, entre otras cosas, el proyecto de apadrinamiento.

Y ahí estamos los padrinos y madrinas. No somos inversores ni bodegueros. Somos personas que hemos apostado por esas viñas viejas para evitar que se abandonen. Llegados desde Barcelona, Córdoba, Madrid, Navarra, Mallorca, Irun o Tortosa, nos enamoramos de 13 Viñas y lo que representan. No somos turistas: somos cómplices. Vemos, con orgullo sereno, cómo 13 Viñas se construye, sin prisa pero sin pausa. Lo vivimos desde dentro. Y eso genera un vínculo real e irrompible. No se trata solo de vino: se trata de un proyecto que planta cara al abandono rural, que defiende el viñedo viejo. No hay mejor campaña de promoción y fidelización hacia el Bierzo que ésta.

Con los incendios que estamos viviendo estos días, resulta imposible no pensar qué pasaría si el campo estuviera cuidado. Cultivar no es solo producir vino: es proteger el territorio. Y un viñedo cuidado es también un cortafuegos.

Saber más: El Bierzo arde

Y eso es lo que hace 13 viñas. Cuidar y mantener las viñas de las zonas de Cubillos, Pradilla y Finolledo, pequeñas parcelas dispersas, aisladas, escondidas, algunas en valles y pendientes imposibles. No están cómo uno esperaría. No son rentables, no son fáciles, no están bien comunicadas.

Pero están vivas. Y siguen dando fruto.

Esta película documental, de producción artesanal e imperfecta a veces, tiene mucha verdad etnográfica. Muchas familias se veran reflejadas. Porque el vino no siempre nace en grandes bodegas ni en viñedos perfectos. A veces nace en un rincón salvaje del Bierzo, con solo dos personas, unas cuantas viñas viejas, unos padrinos implicados… y diez días que valen por un año.

Lo que este relato deja claro🎬

El Bierzo contado desde el margen

No es el Bierzo de las guías enoturísticas. No hay viñas de postal, bodegas espectaculares ni vignerons ‘supercool’. Este es otro Bierzo: igual de real que de incómodo. El de las cepas viejas, muy viejas, las que aparecen en todos los discursos institucionales pero que se están dejando morir por falta de apoyo, de caminos, de ayudas.  Aquí hay trabajo físico, resistencia, paisaje áspero, condiciones adversas. Viñas en zonas escarpadas, entre zarzas y monte, que necesitan trabajo duro para sobrevivir. El documental las muestra con una cámara honesta, que no embellece, no romantiza ni oculta. Es un Bierzo en carne viva. No será perfecto, pero es el que sostiene el viñedo viejo también. Y eso merece reconocimiento.

Los padrinos: la comunidad silenciosa

No tienen grandes fondos. No buscan rentabilidad. Los padrinos de 13 Viñas forman una pequeña comunidad distribuida por toda España. Han decidido implicarse en un proyecto que no vende humo, sino vino. Y lo han hecho sabiendo que estas no son las viñas más famosas, ni las más bonitas. Pero lo hacen porque aman el vino, quieren practicar, aprender y creen que proteger el viñedo viejo es proteger el alma de un territorio. El documental los muestra como son: presentes sin protagonismo, pero imprescindibles.

Y entre ellos, Asprona. Teresa, Baldomero, Miguel Ángel y Guillermo, personas con discapacidad intelectual que trabajan todo el año en el cuidado del viñedo y en la elaboración del vino junto a 13 Viñas, que se encargan de la formación. No están ahí para la foto: forman parte del proceso, desde la poda hasta la vendimia. Trabajan, aprenden, aportan, disfrutan. La naturaleza no juzga ni etiqueta: simplemente acoge. Y el campo, lejos de excluir, se convierte en un espacio donde cada gesto cuenta y cada persona importa. Y ahí, 13 Viñas lo borda.

La vendimia como épica íntima

El Bierzo es territorio de minifundio extremo, y este vídeo lo deja claro. Lo que antes eran extensiones de viñedo en las laderas, hoy son parcelas aisladas entre bosques, jabalíes y corzos. Viñas que se pierden entre la maleza, como si el tiempo y el olvido se las fueran tragando. La vendimia es la parte más tensa, física y emocional de todo el año. Llegan esos días y lo que se juega no es una cosecha, sino el sentido de todo el trabajo anterior. Detrás hay meses de podas con frío, tratamientos a contrarreloj, vallados para proteger de los animales, controles en la viña… y en la bodega: trasiegos, envasados, papeleo, soledad. La vendimia lo condensa todo. Es donde estalla el cansancio, el estrés, la incertidumbre. Pero también la alegría, cuando ves que las viñas siguen dando fruto. Que el vino sale adelante. Que somos una familia. Porque, pese a todo, el vino es pasión compartida. Y eso es lo que nos mueve.

Publicado por maiteruiza

Periodista. Especialista en Vinos. Autora de El Viaje al centro del Vino

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