La Regla de los tres 10 y los enemigos de la vid

Si eres viticultor ya sabrás que, llegada la primavera, lidiar con hongos como el mildiu y el oídio es parte del día a día, especialmente cuando la lluvia y las temperaturas moderadas pueden favorecer su aparición. Y ese es el principal quebradero de cabeza ahora en los viñedos del Bierzo. Porque hemos salvado los efectos de la oruga, hemos salvado los de las heladas pero si los hongos se desarrollan – y lo hacen cuando menos te lo esperas- pueden arruinarnos la cosecha por completo. Afortunadamente, existe una herramienta sencilla para anticiparnos a su llegada: la regla de los tres 10. ¿No sabes de qué hablo? Te lo explico.

¿Qué es la Regla de los Tres 10?

La regla de los tres 10 es como una alerta para los hongos. Se dice que el mildiu y el oídio -los principales enemigos a tener en cuenta en el viñedo- pueden aparecer cuando:

  1. Los brotes de la vid tienen al menos 10 centímetros.
  2. Ha habido más de 10 litros de lluvia por metro cuadrado en 1 o 2 días.
  3. La temperatura media supera los 10°C.

Pues ahí estamos. ¡Bingo! Las últimas semanas en el Bierzo, la regla se ha cumplido y 13 Viñas no arriesga. Es el momento de preparar las herramientas de sulfatado y prevenir. Hay que aplicar los tratamientos preventivos. Julio y Suso saltan rápidamente al ruedo: remolque, cuba, mangueras, mochilas, guantes, mascaras y trajes de protección. Y a rociar, una a una, las vides.

Saber más: Sulfatar o no sulfatar la viña

¿Cómo le afectan los hongos a la vid?

El mildiu y el oídium son son hongos particularmente agresivos, probablemente los más conocidos y forman parte, junto con la filoxera, de la trilogía de plagas americanas que en la segunda mitad del siglo XIX cambiaron la fisonomía del viñedo europeo. Pero son sólo una pequeña parte de un reparto que se clasifican en dos grandes grupos: ficomicetos y eumicetos. A cual, peor: black rot, botrytis, excoriosis, yesca

Surgen, como hemos dicho, tras las lluvias abundantes y temperaturas cálidas. El hongo se desarrolla en el suelo y las esporas saltan a las hojas y los brotes, infectando la planta, que empieza a mostrar una manchas amarillas o marrones, moho, un polvo parecido a la ceniza… Si no se controla, pueden defoliar las vides, afectar el desarrollo de las uvas y reducir significativamente la cosecha en cantidad y calidad, o arruinarla por completo.

Algunos ejemplos de vides afectadas.

Uso de Productos Químicos

Para mantener a raya a estos hongos y plagas, se usan varios productos químicos en el viñedo. Es importante elegir el ‘medicamento’ apropiado para cada enfermedad, como lo hacemos los humanos. De forma genérica, se habla de:

  1. Fungicidas de Cobre: Son uno de los tratamientos más antiguos y efectivos para controlar enfermedades fúngicas en las vides, como el mildiu y el oídio. El cobre actúa como un fungicida de contacto, inhibiendo el crecimiento de los hongos. Eso sí, cuando llueve desaparece y hay que volver a tratar.
  2. Fungicidas a Base de Azufre: El azufre es otro tratamiento tradicional utilizado en la viticultura. Es efectivo contra enfermedades como el oídio y algunas enfermedades fúngicas de la madera, y también tiene propiedades insecticidas.
  3. Fungicidas Sistémicos: Estos fungicidas son absorbidos por la planta y distribuidos a través de su sistema vascular, brindando protección desde el interior de la planta. Son muy efectivos contra las enfermedades pero no hay que abusar porque las plantas se vuelven resistentes.
  4. Fungicidas Biológicos: Son productos derivados de organismos vivos, como bacterias, hongos o virus, que controlan enfermedades fúngicas de manera natural.

En 13 Viñas, optan por el sistémico. ‘Se trata de usar las dosis mínimas efectivas, alternar productos para evitar resistencias y sobretodo monitorear y observar mucho lo que le sucede a planta. Tratar solo cuando es necesario y sin abusar’, me detalla Julio. Con ‘sentidiño‘, como suelen decir en el Bierzo.

Sulfatar temprano de forma preventiva puede marcar la diferencia en el futuro y de lo que se trata es de mantener la vid saneada para que una vez tengamos las uvas y empiece el proceso de maduración, no haya químicos y todo sea completamente natural. Pero, hasta llegar ahí, aún queda mucho con lo que lidiar. Sí, la angustia forma parte de este viaje al centro del vino, pero aún así vamos a intentar disfrutar del proceso.

Así que mirad la viña, las hojas, el verde, los primeros embriones de flores… Nada que ver con esa madera seca, triste y desolada del invierno, cuando está en reposo vegetativo. Ahora, hay vida. Estamos llegando a la floración. Y está a punto de estallar. Y no hay nada más hermoso y emotivo que el estallido de la naturaleza. Si llegas a conectar con ello, percibes una de las emociones más bellas y poderosas de la vida. Y si las cuidamos como es debido, ellas nos lo recompensarán. 🫶

Publicado por maiteruiza

Periodista. Especialista en Vinos. Autora de El Viaje al centro del Vino

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