A punto de embotellar

Después de meses de espera, de frío, de lías en suspensión y de decisiones pequeñas que pesan mucho… el rosado de Mencía está en su punto. Listo para embotellar.

Tras la última cata en abril, decidimos hacer el coupage y este último mes, el ensamblaje ha permanecido en depósito de inox. Es el último paso antes de la botella, donde lo dejaremos descansar. La crianza anaeróbica -sin oxígeno- es el remate final, la estocada que, esperamos, le dé a este rosado ese punto de redondez y calma que buscamos.

Saber más: Así decidimos el coupage

Antes de dar ese paso, lo probamos del depósito con Julio. Lo catamos como se catan las cosas que importan: con pausa, con consciencia, con ganas de saber si todo esto -el trabajo, el tiempo, la apuesta- tenía sentido.

Y sí. Lo tiene.

El color es precioso: rosado brillante, con vida, limpio, elegante, nada plano. En boca es otra historia: textura sedosa, glicérica, casi táctil. Se notan los 15 grados, claro que sí, pero no abruman. Están integrados como parte del todo. Aportan cuerpo, calor, intensidad. En nariz: fresita, frambuesa, un toque sutil de melocotón. Ni dulzón ni vulgar. Es fruta seria, de verdad. Y en boca… qué deciros: sabe rico. Así, simple. Rico, con peso, con estructura. Te llena. Te deja pensando.

Julio sonríe. ‘Lo cató Beth Willard cuando vino y le gustó. Dijo que es un rosado maduro pero bien hecho’, me dice. Beth Willard es una catadora experta internacional, que realiza las catas para los informes de Tim Atkin.

Recordad: un 85% del vino se crió en barrica con sus lías; el 15% se quedó en acero inoxidable. Esa mezcla es, para mí, la clave: porque sin inox sería demasiado denso; sin barrica, sería solo un vino más. Juntos, encuentran una especie de tercera dimensión. Un vino que se expande, con presencia, que pide plato y tiempo. Podríamos haberle dado una crianza más larga pero creo que no hace falta, que la botella hará el resto.

Me gusta mucho cómo ha quedado. Me gusta porque no se parece a ningún rosado fácil, pero tampoco pretende ser otra cosa. Es lo que es: un rosado con cuerpo, con intención, con alma.

Hoy, diez meses después, ha llegado a su primera forma. Pero no hemos terminado. En breve, el embotellado. Y sin prisa, porque este es un rosado con potencial de guarda.

Publicado por maiteruiza

Periodista. Especialista en Vinos. Autora de El Viaje al centro del Vino

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