Cuando disfrutamos de una copa de vino, a menudo hablamos de los aromas, sabor e incluso el color. O nos fijamos en las variedades, la región, el productor o la elaboración… Pero detrás de cada botella hay tantas y tantas decisiones cruciales que afectan a la experiencia final. Hoy quiero prestar atención a dos elementos fundamentales para la preservación y evolución del vino: la botella y el corcho.
Tipos de botellas de vino
Las botellas de vino no solo varían en color y tamaño, sino tambien en su forma, diseñada para complementar y proteger las características del vino que contienen.

Ilustración de Bodegas Familiares Matarromera
Sobre el tamaño, solo diré que lo más común es que las botellas sean de 75 cl. ¿Pero sabéis el porqué? El origen viene de antaño y se reduce a un tema práctico para el comercio del vino. Antiguamente, la unidad de medida de los ingleses -grandes comerciantes del vino- era el galón imperial. A la hora de transportar el vino desde Burdeos u otras regiones, usaban barriles de 50 galones, es decir, 225 litros. Y, para dividir esta cantidad de vino en botellas, se percataron que con 750 mililitros se rellenaban exactamente 300 botellas. Así pues, 1 barril = 300 botellas (de 75 cl.) y de ese modo, faciliaban las cuentas, rápidas y sincellas. Más tarde, en 1975, la legislación europea sobre envases estandarizó la medida de 750 mililitros para la venta de vino. Aunque… 🤫, según los expertos, el mejor tamaño para una crianza prolongada del vino es la botella Magnum (150 cl), pues la relación entre volumen de vino y oxígeno en estas dimensiones es excelente.
Sobre el color, lo importante es proteger el vino de la luz y el sol. Por ello, los vidrios traslúcidos o claros se suelen utilizar para vinos jóvenes que se van a consumir en ese año (especialmente blancos y rosados) y el vidrio oscuro, para los tintos que suelen guardarse por más años.
Y sobre la forma, las más comunes son la bordelesa (procedente de Burdeos) y la borgoñesa (procedente de Borgoña). Probablemente la más clásica para los tintos sea la bordelesa pero últimamente la Borgoña se ha puesto muy de moda, por aquello de asociarse a un estilo más moderno y al perfil de vinos de la Borgoña: más ligeros, florales, con una acidez refrescante y taninos suaves. Pero eso ya es, márqueting de asociación.
En fin, en 13 Viñas nos decantamos por la botella de vidrio borgoñesa, de 750ml, color verde oscuro. Un estandar, de 395 gr. de peso. Las hay más gruesas pero tampoco hace falta dado el estilo y volumen de mi producción. Así, además, ahorramos algo en cristal.


Tipos de Corchos
El corcho es esencial para sellar la botella y permitir una lenta y controlada interacción con el oxígeno, lo que es vital para la evolución del vino. Existen varios tipos de corchos y de tapones (no solo de corcho vive el vino).

El más común y extendido es el de corcho pero también el más caro. Los hay de corcho 100% natural (hechos con la corteza del alcornoque), técnicos (combina corcho natural y aglomerado) y aglomerados (compuesto por pedacitos de corcho natural). Luego los hay sintéticos (con materiales plásticos que imitan el corcho pero no permiten la microoxigenación), con corona de plástico, de cristal y de rosca, generalmente hechos de aluminio. Estos últimos, muy prácticos y eficientes. Son ideales para vinos jóvenes porque son completamente herméticos, lo que evita la entrada de oxígeno, manteniendo el vino fresco por más tiempo. Son baratos, son fáciles de abrir, evitan los problemas de humedad, de oxidación, de corchos en mal estado (TCA) y el posible olor a corcho en el vino aunque…. 😱¡Se siente! En nuestro país topan con la percepción inquebrantable que seran vinos de baja calidad y aunque no sea así, personalmente para mí no hay nada más estimulante que el sonido del corcho al abrir una botella. Ese pop! es, para mí, parte de la experiencia. No puedo ni quiero renunciar a ello.
Así que en 13 Viñas optamos por el corcho aglomerado: grato, confortable y eficiente. Personalizados con la llave de 13 Viñas grabada, que es su símbolo más preciado.


Manos a la obra
Ahora sí, llegó la hora de embotellar y encorchar.





Bombeamos el vino del depósito hasta la máquina de embotellar, una envasadora semiautomática. Y digo ‘semi’ porque el llenado es automático pero las botellas hay que ponerlas y quitarlas una a una. Y seguidamente, pasarlas a la encorchadora eléctrica. Igual, encorchado automático pero las botellas hay que cogerlas, ponerlas y quitarlas, una a una. La barrica da para 305 botellas🤸♀️. Entre unas cosas y otras me lleva más de media mañana. Encapsulamos y lo dejamos listo para etiquetar y reposar. Porque esta vez sí, lo vamos a dejar envejecer en botella por lo menos, seis meses.
Ha sido una mañana fabulosa y ver todas esas botellas listas me carga de energía positiva, una mezcla de euforia y tranquilidad al mismo tiempo. Sí, es un sentimiento indescriptible pero juraría que se acerca mucho al de la felicidad.

