Mencía en ánfora

Hola Manuel, ¿qué tal estás? Quería decirte que me ha encantado tu vino, El Erizo y el Zorro. No sé si será el huevo de hormigón o las tinajas, pero está realmente rico. Oye, si algún día puedo usar una de tus tinajas, avísame; me encantaría experimentar.

Pues este año, Maite. Sin problema. Puedes usar una de las mías.
¿De verdad? Voy a llamar a Julio.

Así empezó la aventura de la añada 2025. Gracias a la generosidad de Manuel (padrino de 13 Viñas y autor del vino El Erizo y el Zorro), este año voy a criar mi Mencía en una ánfora de 300 litros. Y no es una ánfora cualquiera. Nació en las manos de Carles Llarch, maestro ceramista del Penedès, apreciado por muchos enólogos en todo el mundo. Pocos artesanos quedan como él. Así que sí: este año mi Mencía será distinta, criada en ánfora. Y yo no puedo sentir más ilusión.

Método milenario

La crianza en ánfora o tinaja de barro es un método milenario. Los romanos ya guardaban su vino en ánforas porque entendían algo muy simple y muy sabio: allí dentro el líquido no se detenía, respiraba. El barro afinaba el vino y lo mantenía vivo.

Durante siglos fue así, hasta que llegó la madera y, con ella, la revolución logística: el tonel era más fácil de transportar, más robusto para las travesías marítimas. Y en esas travesías se descubrió que la madera añadía algo más: redondeaba el vino y lo vestía con notas tostadas, ahumadas, especiadas. El roble se convirtió en símbolo de nobleza. El barro, en cambio, quedó relegado. Arcilla humilde frente al glamour del roble francés.

Pero el pasado nunca muere. Solo dormita. Y desde hace unos años, el ánfora ha vuelto al mundo del vino. Muchos enólogos han comprendido que el barro no maquilla ni impone como la madera, simplemente acompaña. Potencia la pureza de la fruta, respeta la identidad de la viña y de la añada, y ofrece una microoxigenación lenta y discreta que pule sin borrar. Frente a la madera, redondea sin disfrazar. Frente al acero, perfecto y clínico, guarda el vino como un vinilo guarda la música: íntimo, imperfecto, frágil… pero con alma.

Me parece ideal para el vino que os propongo este año con un 85% de Mencía y un 15% de uvas blancas (Palomino y Doña Branca). Fermentaron juntas con sus propias levaduras indígenas, las que le da la viña. Sin aditivos, sin recetas de laboratorio. Solo el sulfuroso mínimo para protegerlo. Un vino natural en el sentido más simple y verdadero: uva convertida en vino, sin más.

Y la tinaja es la prolongación lógica de lo que busco en la viña, que me ayudará a potenciar justo lo que quiero: suavizar los taninos de la tinta, realzar la acidez y frescura que aportan las blancas, mantener la fruta nítida y dejar que, a lo mucho, aparezca un ligero toque terroso-mineral. O eso espero.

El maestro ceramista

Aunque de ánforas y tinajas hay muchas. Cada arcilla, cada mezcla, cada tratamiento cambia el resultado. Esta que véis aquí arriba y que guardará mi Mencía durante todo un año nace de las manos de uno de los pocos ceramistas especializados en ánforas vinícolas: Carles Llarch, en el Penedès. Sus piezas se han convertido en referencia y hoy son parte esencial en bodegas que me encantan como Mas Martinet, donde Sara Pérez las utiliza para algunas de sus elaboraciones en el Priorat, o La Gravera, proyecto biodinámico y natural en Lleida, entre muchas otras.

En su taller, cada pieza se trabaja como si fuera una escultura: arcilla que se amasa, se modela, se cuece, se prueba. Semanas y semanas de paciencia, cuidando que no se agriete, que respire, que se forje. Oficios así ya casi no quedan, y quizá por eso sus tinajas son también actos de resistencia cultural.

Y ahí está la lección que me llevo yo: la fragilidad como fuerza y la lentitud como método. El barro y el vino como espejo de la vida, y no como objeto de mercado. Porque la diferencia entre un vino honesto y uno maquillado no se mide en precio, ni en etiquetas, ni siquiera en puntos Parker. Se mide en verdad y paciencia.

Mientras tanto, espero.

Publicado por maiteruiza

Periodista. Especialista en Vinos. Autora de El Viaje al centro del Vino

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