Reconozco que había nervios. Julio me había mandado la analítica de mi rosado y rozaba los 15º de alcohol. No lo esperábamos. Y claro, con esos números en la cabeza, uno se pregunta: ¿será demasiado? ¿Se habrá comido la frescura?
Pero no todos los rosados nacen para beberse fríos en una terraza. Algunos se forjan con piel y con pausa. Vamos a catar el crianza en barrica y el residual en depósito de inox. Y vamos a tomar decisiones.




🪵 1. El vino de barrica
Lo cogemos directo de la barrica, donde fermentó y crió sin prisas. Al girar la copa, el color ya da pistas: más rojo, más profundo, casi como un clarete elegante. La nariz es seria, especiada, con fruta roja madura (ciruela, fresa confitada), piel de naranja seca, y un punto fresco que me recuerda al cava. En boca es untuoso, amplio, con volumen y peso. Se nota la crianza, se nota la microoxigenación. El alcohol aparece como una caricia cálida que se expande, no como un golpe. Tiene alma de tinto ligero. Podría defenderse solo.
🧊 2. El vino del depósito inoxidable
El contraste es inmediato. El color vira al rosa cebolla pálido, más típico de rosado serio. La nariz es delicada: grosella blanca, pomelo, flores secas. Es como si despertaras en la montaña. En boca es más ligero, con más tensión. No tiene el peso del anterior, pero sí una energía limpia. Y el alcohol se percibe más bajo.
🧪 3. El coupage: la alquimia
Probamos la mezcla: 84% barrica, 16% inox. Y de golpe, el vino encuentra su forma. El color es un rosa más profundo que la media, pero elegante. En nariz, la fruta se siente fresca, delicada, con toques secos y especiados. Hay volumen, pero también chispa. La boca es envolvente, supersedoso -probablemente es la glicerina- pero no se hace pesado.
Conclusión: Nos quedamos con el coupage. Porque la barrica da profundidad, estructura y narrativa, pero el inoxidable aporta el giro de frescura que lo equilibra todo. Los 15º se notan pero no asustan. De hecho, parecen una trampa: están bien integrados, hay hondura y hay carácter. Una forma de decir que el rosado también puede ser serio, gastronómico y memorable.
No era lo que había planificado pero me encanta. Porque a veces, cuando el vino se sale del guión, te sorprende, te enseña y te recuerda que está vivo.



