Hace poco me senté a charlar con Ferran Pacheco en Vino para Camaleones. La excusa: contar cómo me iba por el Bierzo, cómo estaba la uva, qué esperábamos de la viña este año y, en definitiva, qué pueden esperar los camaleones -esa tribu de apasionados del vino- de esta añada.
¿Qué no conoces Vino para Camaleones? No me lo creo. Pues ya estás tardando en darte de alta. Porque no es solo un podcast: es una comunidad de winelovers sin postureo, donde se comparte vino, experiencias y aprendizajes con total naturalidad. Al frente está Ferran Pacheco, un crack absoluto: contador de historias nato, de esos que saben de vino, de bodegas, de regiones y de productores como pocos. Escucharlo engancha, porque tiene ese don de hacer que cada copa venga con historieta y aprendizaje incluido. Eso sí, como dice él: “bajo en tonterías”.
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Pues bien, hablamos de todo un poco: de mi pasión por el vino y por este blog, del proyecto de apadrinamiento (conmigo y con Queco), de la riqueza que ofrece el Bierzo… porque si algo hace única a esta región es su microparcelación. Una auténtica mina de diversidad: vinos de villa, de paraje, de parcela… todos distintos, todos con su sello de terroir, de añada y de origen. Eso, winelovers, es puro oro.
¿Qué podemos esperar de esta añada?
En la conversación salió un tema que me ronda la cabeza desde hace días. Me preguntó: Maite, ¿qué podemos esperar de esta añada? Y yo, humildemente, le contesté. Creo que el 2025 será el año del alquimista. Porque pienso que este verano no ha sido precisamente fácil: calor extremo, sequía y viñas llevadas al límite. Una añada de esas que no se regalan. La uva llega en muy buen estado, sí, pero planea la gran incógnita: ¿habrá equilibrio real en la maduración, entre azúcares y compuestos fenólicos? Hay añadas que la viña lo hace ‘casi’ todo, pero este año más que nunca creo que la clave está en:
- Analizar y observar: cada parcela, cada variedad y cada racimo al milímetro. Medir y saber leer la viña es el primer paso.
- Decidir la vinificación: ajustar temperaturas, maceraciones y extracciones. A veces toca apretar, otras dejar respirar.
- Los coupages: ensamblar -si se puede- parcelas, vinificaciones y variedades para equilibrar fruta, acidez, alcohol, cuerpo y taninos. El blend como bisturí.
- Interpretar el año: sin fórmulas mágicas, solo visión. Exagerar virtudes, disimular defectos y confiar en la experiencia.
No sé si yo lo conseguiré. Pero el reto está servido y, pase lo que pase, de todo se aprende… y cada vendimia nos deja su lección en la copa.


