Puerta del Viento, el Bierzo natural y sin sulfitos

Ni ‘naturetis’ ni ‘perro flautas’. Jorge Vega no le teme a esos términos, ni le preocupan porque él sabe lo que hace: vinos naturales, ecológicos, artesanales, sin sulfitos añadidos ni ningún tipo de aditivo. Y se ríe de aquellos que quieran menospreciarlo. ‘Yo sé lo que hago y hago vinos saludables, vinos que respetan los procesos naturales de cultivo y elaboración’. Dicho así parece muy fácil y él mismo critica que bajo el paraguas de vino ‘natural’ se cuela mucho vino mal hecho, con oxidaciones excesivas, alteraciones microbiológicas, malos olores… ‘Y lo que es peor, algunos hasta te ponen malo’, dice.

Su bodega Puerta del Viento cuenta con el sello de calidad Vin Méthode Nature, una certificación francesa que garantiza el trabajo del productor y la calidad del vino. En España no existe ningún organismo regulador pero, en los últimos años, ha habido un auge espectacular de los vinos naturales y no paran de abrirse locales consagrados a su consumo. ‘Los vinos naturales han existido siempre, en todas partes, pero es cierto que Francia nos lleva años de ventaja defendiéndolos’.

Jorge Vega no se identifica con las modas. Él empezó a elaborar vinos naturales para experimentar y por contraposición. ‘Me cansé de ver todo lo que le echaban al vino’. Literal. Tras graduarse como Ingeniero Agrónomo, trabajó para varias bodegas y cooperativa y él mismo cargaba con los sacos de tartárico, enzimas, levaduras, sulfitos y otras sustancias autorizadas. Le interesaba la química y aprendió de grandes maestros como José Luis Santín, el ‘alma mater’ de muchos vinos del Bierzo. De ahí, saltó a un laboratorio farmacéutico, Enosán, y eso le permitió profundizar, aprender y conocer a grandes expertos: Juan Cacho (Química Analítica), Miguel Izquierdo Cañas (Microbiología aplicada), Antonio Palacios (Análisis Sensorial)… ‘Saber de enología, análisis, microbiología… es esencial. Yo no quiero utilizar aditivos químicos, pero tengo que conocer la química del vino para trabajar’.

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Análisis químico, trabajos naturales

Y en ello radica, a su parecer, la diferencia. ‘Hay que aprender a trabajar en la viña sin herbicidas, plaguicidas, abonos sintéticos y en la bodega, sin aditivos de ninguna clase y en ninguna fase del proceso’. ¿Y es eso posible o, mejor dicho, viable? ‘Pues claro. Pero hay que analizar, hay que saber y hay que ‘currar’. Vega suele analizar los parámetros (PH, acidez, azúcares, grado alcohólico…) antes, durante y después de la vinificación y trabaja en función de los resultados usando compost, preparados naturales, laboreos, vendimia temprana, raspón, maceraciones, velo… procesos todos naturales y que te permiten subsanar desviaciones sin químicos. Significa trabajar muy fino tanto en la viña como en la bodega. Sólo así se evitarán oxidaciones, aromas indeseables, reducciones y todo eso que se le atribuye inapelablemente a los vinos naturales.

Jorge ríe y habla con timidez, como si no quisiera abrumar a nadie, simplemente contar con total honestidad lo que él hace. Hay que estirarle las palabras. ‘Tengo tres hectáreas de viñedo y elaboro 8.000 botellas y unos 1.000 litros en bag in box. Ese es mi tope, no puedo hacer más si quiero mantener la calidad. No podría’. Está tranquilo porque no le falta mercado: España, Francia, Canadá, Japón… Sus vinos han sido reconocidos por Parker (90 y 91 puntos en 2015) y por grandes sumilleres. De hecho, algunas de sus botellas se encuentran en las cartas de grandes restaurantes como Pablo, A Poniente, Montia, Getaria, Salvatge Bar y vinotecas especializadas. ‘El vino natural va por otros caminos. Gente que busca y consume solo vinos naturales’.

Por eso, se alegra de los éxitos de la DO Bierzo, pero a él no le significa estar ahí. ‘Yo no hago vinos TOP, para eso aquí ya tenemos a otros: Raúl Pérez, los Palacios, etc.’, comenta con total naturalidad.

 La bodega y los vinos

La bodega se encuentra en Arborbuena, en una antigua casona familiar, con más de 100 años de antigüedad, enormes paredes de piedra, corredores de madera y cubierta de pizarra. Los viñedos se hallan en Pieros y en Canedo, este último de unas dos hectáreas y rodeado completamente de bosque. Hay Mencía, Godello, Palomino, Dona Branca y la escasa Pan y Carne, también llamada Estaladiña. ‘Depende de la zona le llaman Estaladiña a la Pan y Carne o a la Merenzao. La mía es Pan y Carne’. Los viñedos tienen la certificación de ecológicos aunque trabaja también con métodos orgánicos y biodinámicos. ‘Sí, a día de hoy diría que ante todo soy viticultor’, afirma muy seriamente. Una profesión que le encanta porque le permite vivir, estar en contacto con la naturaleza y ser libre.

Los vinos tintos los fermenta en barricas de roble y después pasan a los depósitos de inox. Los blancos los trabaja en ánforas de Juan Padilla, el gran tinajero español, con crianzas biológicas de velo flor. También elabora un pet-nat, un clarete y un orange, que envejece en demajuanas. La mayoría los mantiene al menos un año en botella antes de sacarlos al mercado, contradiciendo así la falsa idea que los vinos naturales no tienen potencial de guarda y deben ser consumidos de inmediato. ‘Claro que tienen potencial de guarda porque los conservantes y antioxidantes los obtengo de forma natural, con el velo, con los taninos, los polifenoles…’.

Sus vinos son vinos limpios, auténticos y con mucha personalidad. Ajenos a las modas que vienen y van. Vinos sin sulfitos, naturales y para (casi) todos los públicos.

Publicado por maiteruiza

Periodista. Especialista en Vinos. Autora de El Viaje al centro del Vino

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