
PLANETES CARINYENA BLANCA 2024 | Celler Família Nin Ortiz
Cariñena Blanca
DOQ Priorat
Temperatura de servicio: 10–12 °C
Precio: 40€
Te gustará si… te van las catas a ciegas con amigos. Sorpresa asegurada.
25/09/2025
Diari de Tarragona
Septiembre, vendimia, olor a mosto y a vino. A veces el Mediterráneo nos sorprende con regalos que parecen pequeños milagros. Como esas mutaciones genéticas que, sin avisar, transforman una uva que creíamos conocer en otra distinta. Pasó con la Garnacha Peluda, esa versión más fresca y ligera de la Garnacha Tinta. Y ha pasado también con la Cariñena Blanca.
Sí, han oído bien: Cariñena Blanca. De una cepa negra que, en algún momento de su historia, decidió mudar el color de sus racimos. No es un hallazgo de ayer: ya a principios del siglo XX hay referencias de esta mutación en el Empordà y el Rosellón. Pero no fue hasta el otoño de 2018 cuando la variedad fue reconocida oficialmente en España.
Y aquí entra en escena Ester Nin, una de las voces más respetadas del Priorat. Bióloga, enóloga, pionera en viticultura biodinámica y reconocida con puntuaciones históricas en todo el mundo. Ella y su familia llevan años demostrando que el Priorat no solo es potencia, también es equilibrio, frescura y respeto a la tierra.
Su historia con la Cariñena Blanca empieza casi como un accidente. En 2008, al hacer una selección masal de Cariñena Negra en viñas viejísimas de Porrera, de entre 9.000 cepas aparecieron 15 con racimos blancos. Una rareza. Pero al analizarlas, la sorpresa fue mayúscula: menos alcohol, más acidez, frescura natural. Exactamente lo que necesitamos en un clima que cada año aprieta más.
Ester Nin y Carles Ortiz no lo dudaron. Injertaron esas cepas y empezaron a trabajarlas con paciencia. Así nació ‘Planetes Carinyena Blanca’, un vino que es en sí mismo un manifiesto: observar la naturaleza y acompañar los cambios que ella dicta para abrir camino al futuro. Tras 11 añadas como vino experimental, en 2024 finalmente fue admitida en la DOQ Priorat, con la Familia Nin Ortiz como precursora de su introducción. Por fin, pudieron incluir el nombre de ‘Carinyena Blanca’ en la etiqueta.
¿Y qué encontrarás en la copa? Luz. Fruta blanca y cítricos, un toque de hierbas mediterráneas, la salinidad del Priorat y buena frescura. Es profundo, mineral, con un final que recuerda al fruto seco. Una rareza deliciosa. Y un símbolo. De cómo el Mediterráneo sabe reinventarse, de cómo en un racimo que parecía un error puede estar la respuesta al cambio climático. Y de cómo enólogos como Ester Nin y su familia han sabido escuchar a la viña para regalarnos algo único.
Prueben ‘Planetes Carinyena Blanca’ y entenderán lo que quiero decir: es beber Priorat con otra mirada.
