
Nº 2 VICTORIA | Ordóñez & Co.
Moscatel de Alejandría | 375ML
D.O. Málaga – Sierras de Málaga
Precio aprox.: 22 €
Temperatura de servicio: 8-10 °C
Te gustará si… buscas la elegancia del traje de Armani en versión vino: sobrio, equilibrado y un estilo de dulce que no pasa de moda.
13/09/2025
Diari de Tarragona
Giorgio Armani, además de ser un genio del diseño, tenía un gusto refinado por los placeres sencillos de la vida. Uno de ellos era el vino, y su debilidad era el Passito di Pantelleria, un dulce natural de la pequeña isla volcánica de Pantelleria, entre Sicilia y Túnez. Allí veraneaba y se enamoró del dulzor de las uvas Zibibbo, hasta el punto de cosechar algunas para su propio disfrute. Y sí, los passitos de Pantelleria son extraordinarios: fruta seca, miel, un toque salino que los hace únicos.
Pero, ¿sabías que en España tenemos un vino casi idéntico que podría haber conquistado su paladar? Hablo de los Moscateles de Málaga. Eso sí, no cualquier moscatel genérico, sino los de la Axarquía, una de las zonas vitícolas más extremas de Europa. Allí se cultiva la Moscatel de Alejandría, la misma uva Zibibbo de Pantelleria solo que con nombre español. Pantelleria es volcánica, la Axarquía es pizarra pura, y ambas regiones comparten mucho: climas extremos, mucho sol, brisa marina y un cultivo que exige un esfuerzo sobrehumano. Son lugares donde la orografía, la escasez de agua y la viticultura manual hacen que cada botella sea un pequeño milagro. Si Armani se enamoró del Passito en su isla italiana, no cabe duda de que habría quedado fascinado con el Moscatel de los montes malagueños.
Jorge Ordóñez & Co. Nº 2 Victoria está elaborado al 100% con Moscatel de Alejandría procedente de viñedos centenarios -plantados entre 1902 y 1935- en las laderas más altas y escarpadas de la Axarquía. Viñedos sin riego, sobre suelos de pizarra descompuesta con vetas de cuarzo blanco, que le aportan esa mineralidad tan reconocible. Su elaboración es meticulosa, casi artesanal, como el Passito: las uvas se vendimian tardías, a mano, se dejan secar bajo el sol y la brisa marina y, ya convertidas en pasas, se prensan y se aprovecha solo el mosto flor. Para que te hagas una idea: hacen falta 10 kilos de uva para obtener apenas 375 ml de vino.
¿El resultado? Un vino dulce, pero nada empalagoso. En boca despliega miel, frutas escarchadas, flores blancas y esa nota entre salina y mineral. Es opulento y con cuerpo, pero al mismo tiempo equilibrado por una acidez refrescante. Una delicia.
Así que, si alguna vez te has preguntado qué bebería Giorgio Armani en una tarde soleada en España, la respuesta podría ser este vino. Una joya de la viticultura española que, sin duda, habría conquistado su sofisticado paladar. El mío ya lo ha hecho.
