El poder del mar

S’ÀMFORA MUDÈFER BLANC 2020 | Celler La Botera

100% Garnacha Blanca
DO Terra Alta
Temperatura de Servicio: En torno a los 12°C
Precio: 175€
Te gustará si… eres de los que se lanzan a nuevas experiencias y te encanta descubrir lo inesperado.

22/02/2025
Diari de Tarragona

Hablar de vinos submarinos nos lleva a un mundo de historias misteriosas, naufragios y secretos guardados bajo el mar. Nos hace pensar en esas botellas rescatadas de barcos hundidos que, contra todo pronóstico, lograron mantener intacta su esencia, como si el océano las hubiera cuidado y protegido. Esta magia ha despertado la curiosidad de enólogos de todo el mundo. Croacia, Italia, Francia y Chile llevan tiempo experimentando con la crianza submarina y, en España, han sido pioneros enólogos como Raúl Pérez en Galicia o José Luis Pérez en Jerez. En Cataluña, Xavier Belda fue el primero en lanzarse a explorar este universo con su proyecto S’Àmfora, animando a otras bodegas a unirse a la aventura.

Así arrancó la colaboración con Celler La Botera, una bodega de la Terra Alta fundada en 1985, cuando cinco familias viticultoras unieron fuerzas para dar valor a su patrimonio agrícola. Hoy, la siguiente generación sigue con la misma pasión, apostando por las variedades autóctonas y manteniendo su espíritu emprendedor. Junto con Xavier Belda, dieron forma a S’Àmfora Mudèfer y decidieron llevar al mar sus vinos más especiales: el Mudèfer Garnacha Blanca y el Mudèfer Tinto (Garnacha Tinta y Cariñena), procedentes en la finca Mudèfer, donde se encuentran las viñas más viejas de la bodega.

Los Mudèfer son elaborados con muchísimo mimo. Seleccionan las mejores uvas, controlan cada paso de la vinificación y crían el vino ocho meses en barrica. Estos vinos, sin duda, son los más reconocidos de La Botera. Con ellos, rellenan 600 ánforas de 75 cl, herméticas, hechas a medida por un ceramista, y las sumergen en la Badia del Fangar, en el Delta del Ebro, a unos 10 metros de profundidad. Allí, descansan cerca de 12 meses, dependiendo de la época, las corrientes y los ciclos lunares. Y lo que ocurre bajo el agua es fascinante: el vino evoluciona mucho más rápido. El mar lo mece con suavidad, lo calma, afinando su estructura, suavizándolo y potenciando los sabores. La marea, la luna y el constante movimiento dentro del ánfora hacen que el vino evolucione de una manera impensable, dándole una complejidad que no podrías conseguir de ninguna otra forma en tierra firme y en tan poco tiempo.

El color dorado nos lo anticipa. Hay evolución. Cuando te acercas la copa a la nariz, se abren aromas de pomelo maduro, fruta de hueso caramelizada, orejones, y un toque balsámico que se mezcla con frutos secos. En boca, la textura es sedosa, fresca, con volumen, y poco a poco se van desplegando notas de miel, romero y tomillo seco. Es largo, elegante y tan placentero que no se olvida. Es un vino incomparable, porque no existen en la Terra Alta muchos vinos blancos con largas crianzas. Pero me da la sensación de que si los hubiera, serían algo así, como un gran Hermitage Blanc del Ródano, con esa elegancia y profundidad que solo el tiempo les otorga. Pruébenlo, es especial.

Dato curioso: Cada botella de S’Àmfora Mudèfer viene en una caja especial, pensada para albergar el ánfora, y se acompaña de un certificado de autenticidad y un mapa del Mediterráneo con las localizaciones de las inmersiones. Además, La Botera ha empezado a experimentar también con la crianza submarina en botella, una versión más accesible, pero que sigue manteniendo la magia de este proceso tan único.

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Publicado por maiteruiza

Periodista. Especialista en Vinos. Autora de El Viaje al centro del Vino

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