¿Seguro que es Txacolí?

MALKOA | Astobiza

100% Hondarrabi Zuri
D.O. Arabako Txakolina
Temperatura de servicio: 10ºC.  
Precio: 33€
Te gustará si… eres fan de la tarta tatín de pera, por esa fina combinación de dulzor caramelizado y ligera acidez.

02/11/2024
Diari de Tarragona

Si has probado el txacolí, probablemente tengas grabada en la memoria esa frescura chispeante y ese carácter vivo, ligero, cítrico que tanto los define. Pero Malkoa, del reconocido productor Astobiza, es diferente. Y por eso es ideal para una cata a ciegas porque las sorpresas empiezan desde el primer sorbo.

A simple vista, llama la atención por su color. A diferencia de los txacolís tradicionales, que suelen ser de un amarillo pálido con reflejos verdosos, este vino muestra un tono dorado más pronunciado. Y esto ya nos da una pista de lo que está por venir: una elaboración más compleja, mayor extracción de sabores y/o probablemente crianza.

Al acercarlo a la nariz, las diferencias se acentúan. En lugar de manzana verde y aromas cítricos y herbáceos propios de los txacolís jóvenes, aquí encontramos una nariz mucho más sofisticada. Las primeras impresiones son de frutas maduras, como el melocotón, el albaricoque o la pera asada. Hay también flores blancas pero lo más llamativo es una sutil pero presente sensación de crianza: mantequilla, frutos secos, especies dulces, pan tostado… Un claro indicativo de su crianza sobre lías (levaduras), un proceso que le da al vino mayor cremosidad y complejidad. Y sorpresa: no hay madera. Este txakolí permaneció durante 20 meses en depósito ovoide de hormigón, donde las lías se mueven continuamente. Durante este tiempo, el vino se autoestabiliza y gana volumen en boca. Luego realiza una crianza reductora en botella, que completa su afinado.

Al primer sorbo, el contraste con los txacolís más tradicionales es evidente. Malkoa ofrece una textura redonda y envolvente, lejos de la acidez punzante y el nervio de los txacolís jóvenes. Los sabores de fruta de hueso madura vuelven a aparecer, junto con notas de miel y un suave toque cítrico que equilibra el dulzor natural de la fruta. Pero es atlántico y se nota. La acidez está presente aunque es equilibrada, salina, mineral. Un claro ejemplo de cómo el txacolí puede evolucionar sin renunciar a sus raíces. ‘¿Y seguro qué es Txacolí?’, te preguntará más de uno. Y es que el txacolí tradicional sigue siendo una delicia, pero si buscas algo que sorprenda y que, además, ofrezca una mayor versatilidad gastronómica, Malkoa es un descubrimiento que no querrás dejar pasar.

Dato curioso: El txacolí tradicionalmente se escanciaba como la sidra, desde cierta altura, para oxigenarlo y potenciar su frescura y efervescencia. De ahí que en muchos bares, lo sirvan en vaso en lugar de copa.

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Publicado por maiteruiza

Periodista. Especialista en Vinos. Autora de El Viaje al centro del Vino

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